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Por una educación inclusiva

Fecha: 21/09/2016
A pesar de que la educación inclusiva es un derecho de todas las personas, en muchas ocasiones, esos niños y niñas con discapacidad intelectual no pueden disfrutarlo.

No son pocas las ocasiones en las que los familiares de niños y niñas con discapacidad intelectual o del desarrollo, desean que sus hijos e hijas aprendan en el colegio de su barrio, el de sus hermanos, allí donde también acuden los hijos de sus vecinos, los amigos y amigas de la guardería o las pequeñas de la dueña del comercio de la esquina. Sin embargo, a pesar de que la educación inclusiva es un derecho de todas las personas, en muchas ocasiones, esos niños y niñas con discapacidad intelectual no pueden disfrutarlo.

Desde este espacio, más si usted es madre o padre, queremos animarle a ponerse en situación. Imagine que en el momento de la escolarización, o incluso en el transcurso del ciclo educativo de primaria, su hijo o hija – sin discapacidad - es “rechazada” en su centro o centros educativos de preferencia. Salvo por motivos obvios como el baremo de entrada, el número de plazas por colegio y otras particularidades, ninguno de nosotros aceptaría la vulneración de este derecho. ¿Ni siquiera por motivo de discapacidad? O dicho de otro modo, ¿puede ser la discapacidad un motivo de exclusión educativa?

Si responder a estas preguntas le genera alguna duda, el artículo 24 de la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad que nuestro país ratificó en el año 2008, le ayudará a disiparlas. Y es que España, como Estado parte, se comprometió a “reconocer el derecho de las personas con discapacidad a la educación, asegurando que no queden excluidas del sistema general de educación por motivos de discapacidad”.

Plena inclusión Aragón, en este inicio de un nuevo curso escolar, denuncia una vez más, que el derecho de todos los niños y niñas con discapacidad intelectual o del desarrollo y de sus familias a recibir una educación inclusiva de calidad, es mayoritariamente algo teórico por distintas razones:  faltan centros educativos con recursos de apoyo adecuados; hay una escasa promoción y apoyo a proyectos educativos realmente inclusivos; la formación del profesorado, en general, es escasa en aspectos relacionados con la diversidad y la discapacidad; las asociaciones de padres y madres tienen escasa conciencia del beneficio que supone la presencia de niños y niñas con discapacidad en las aulas; no hay apenas aprovechamiento y trabajo en red  de los equipos y profesionales que trabajan en el ámbito de la educación especial; etc.

Además, consideramos muy necesario un mayor contacto y colaboración entre la Administración educativa  y las entidades que defienden los derechos de las personas con discapacidad intelectual.

Sin embargo, a pesar de todo ello, este y los siguientes cursos pueden ser una oportunidad para que las Administraciones Públicas, los colegios y centros educativos, los padres y madres, las organizaciones y alumnos y alumnas, avancemos de forma significativa hacia un sistema único educativo inclusivo y de calidad.

Con este objetivo, Plena inclusión realizó recientemente una serie de propuestas al Comité de la ONU sobre los Derechos de las personas con discapacidad. Entre ellas podemos destacar la inclusión de medidas específicas para alumnos con necesidades de apoyo extenso y generalizado; incidencia en el irreversible efecto de una inadecuada escolarización en el colectivo de niños y niñas con discapacidad; eliminación de barreras como la falta de formación del profesorado y los currículos mal diseñados; la garantía no sólo del acceso a la educación de este colectivo, sino también de la permanencia y progreso del mismo; etc.

No es irrelevante, ni siquiera una idea romántica pensar que en la infancia se encuentra la semilla de nuestro futuro. Si observamos con perspectiva, es ahora el momento de volver nuestras miradas a los niños y niñas con y sin discapacidad intelectual, para entender que, serán ellas, quienes convivirán en un futuro en el mismo pueblo, ciudad o país. Es  el momento de decidir si queremos que lo hagan como el agua o el aceite o de forma plenamente inclusiva. 

 

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