Un grupo de personas apoyadas por Plena inclusión Aragón, a través del Programa de atención integral a personas con discapacidad intelectual o del desarrollo reclusas, exreclusas y que cumplen medidas alternativas o se encuentran en procedimientos judiciales, disfrutó de unas horas de libertad previas a las navidades. Nueve hombres y una mujer, que cumplen condena en el Centro Penitenciario de Zuera, dejaron atrás su encierro, el pasado 12 de diciembre, para disfrutar de un paseo lejos de los muros de la cárcel y contemplar la decoración navideña del centro de Zaragoza.
Adriana Quintana, responsable de este proyecto en Aragón, acompañó a los reclusos en su salida, y contó con el apoyo de cuatro profesionales del centro penitenciario zufariense. Aquel día, el Ebro bajaba con una considerable crecida a su paso por la capital aragonesa. Y los participantes en la actividad aprovecharon para hacerse “unas fotos para el recuerdo”, relata esta trabajadora social de Plena inclusión Aragón. Una sesión que continúo con los adornos navideños y el belén gigante de la plaza del Pilar.
“Tomamos algo, antes de ver tres exposiciones el Centro Joaquín Rocal de la Fundación CAI: una de arte japonés, otra de cartas de Teadir y una protagonizada por fotos y biografías de vecinos de Valdespartera”. Esta última inspiró a los presos, “que comentaron que también les gustaría realizar una muestra contando sus vidas, muchas de las cuales darían de sí para protagonizar su propia exposición”, asegura Quintana.
Los requisitos para poder participar en este tipo de salidas programadas, enmarcadas en el programa de intervención con reclusos con discapacidad intelectual de Plena inclusión, son haber cumplido aI menos la cuarta parte de la condena, estar en segundo grado y tener un buen comportamiento en prisión.
Para el estado anímico de los presos, cualquier pequeña salida es positiva. Pero, en el caso de los internos con discapacidad intelectual, todavía lo es más. “Muchos de ellos tienen unas dificultades añadidas a la hostilidad que ya de por sí hay en prisión. Sufren más en las relaciones entre internos o con los funcionarios, y en el proceso de adaptación, que a todo el mundo le cuesta, pero a ellos más, sobre todo en función de su grado de discapacidad”, detalla Quintana.
Por eso, las salidas “son unas experiencias muy positivas para la reinserción. Para ellos, son una demostración de que pueden volver a la vida en sociedad”, añade. “Sería muy bueno poder contar con más presupuesto para hacer más”.